Farmaindustria ha presentado su Memoria de Actividades 2025, que hace un repaso de un año marcado por la incertidumbre geopolítica, los cambios regulatorios y una creciente competencia global en el ámbito de la innovación biomédica. En ella, tanto la presidenta como el director general, Fina Lladós y Juan Yermo, respectivamente, señalan que la industria farmacéutica “afronta un momento decisivo, tanto en España como en Europa”, en un contexto caracterizado por “tensiones geopolíticas, cambios regulatorios y una competencia global cada vez más intensa”. A pesar de ello, destacan la capacidad del sector de adaptación, innovación y compromiso, al afirmar que ha demostrado “su capacidad de adaptación, innovación y compromiso con la salud y el bienestar de la sociedad”.
En este contexto de incertidumbre global, subrayan que la industria farmacéutica “emerge como un sector estratégico para reforzar la autonomía sanitaria y productiva de Europa”. Sin embargo, insisten en que es imprescindible el papel de las administraciones, que deben dar “señales decididas de apuesta por la innovación” y promover medidas que fortalezcan el ecosistema innovador tanto en España como en Europa.
Por este motivo, recogen que Farmaindustria ha trasladado a las Administraciones en 2025 una serie de propuestas para que España pueda “convertirse en un centro global de producción e innovación biofarmacéutica”, en un momento en el que el país se encuentra en una revisión profunda del marco regulador sectorial. En este sentido, consideran que existe una oportunidad real para hacer de España un país más atractivo para la innovación.
Asimismo, destacan que la definición de nuevas leyes y marcos regulatorios, tanto a nivel europeo como nacional, junto con la capacidad de los sistemas sanitarios para valorar el impacto de la innovación, será clave para el futuro del sector. Señalan que este marco determinará cómo se “investigan, desarrollan y ponen a disposición de los pacientes los medicamentos del futuro”. Por ello, defienden que Europa y España deben redoblar su apuesta por la industria farmacéutica innovadora, considerada una “joya” que es necesario proteger y potenciar.
En paralelo, advierten de la pérdida de liderazgo de Europa en el ámbito biomédico. En los últimos años, el continente ha perdido terreno frente a Estados Unidos y Asia, especialmente China, que destinan más recursos a la investigación y cuentan con marcos regulatorios más estables y atractivos. Esto implica, según señalan, “menos competitividad, menos empleo y menos opciones para los pacientes europeos”. Por ello, consideran fundamental reforzar la inversión en I+D, la protección de la propiedad industrial y la creación de un entorno atractivo para la inversión.
Desde el punto de vista científico y tecnológico, destacan que un sector biofarmacéutico competitivo implica “más investigación y desarrollo de vanguardia”. Con un entorno adecuado, Europa puede atraer ensayos clínicos, proyectos biotecnológicos y avances en terapias avanzadas, medicina personalizada o inteligencia artificial aplicada al descubrimiento de fármacos.
De cara al futuro, señalan que “el año 2026 será clave para el futuro de la industria farmacéutica en Europa y en España”. En este contexto, el sector debe seguir siendo motor de innovación, crecimiento y empleo cualificado, al tiempo que garantiza el acceso de los pacientes a los medicamentos que necesitan. La forma en que se gestione este momento determinará la capacidad de Europa para competir, atraer inversión y responder a los retos sanitarios presentes y futuros.
Asimismo, consideran que la futura Ley europea de Biotecnología representa una oportunidad histórica, ya que puede “reforzar el ecosistema de innovación y atraer nuevas inversiones”. Esta iniciativa permitiría impulsar la colaboración entre empresas, centros de investigación y administraciones, así como avanzar en fabricación avanzada y digitalización, elementos clave para la autonomía estratégica y la competitividad europea.
En cuanto a su impacto económico y social, subrayan que, con una base sólida y estabilidad regulatoria, la industria farmacéutica puede seguir creciendo en su compromiso con la salud, la sostenibilidad del Estado del bienestar y la transición ecológica. Destacan además que “cada euro invertido en medicamentos genera cuatro en ahorros en pensiones, bajas laborales y gasto hospitalario”.
En conjunto, concluyen que una industria biofarmacéutica competitiva refuerza la resiliencia del continente y su autonomía estratégica en un entorno global complejo. Apostar por este sector significa apostar por “más salud, más innovación y más capacidad de respuesta ante futuras crisis”, situando a Europa en una posición de liderazgo en beneficio de los pacientes y de la sociedad.
Finalmente, insisten en que «el sector está preparado para seguir invirtiendo, investigando y contribuyendo a una sociedad más saludable y próspera en 2026, siendo el reto principal crear un entorno que permita transformar ese potencial en más innovación, más empleo y, sobre todo, más y mejores soluciones para los pacientes”.
Fuente: El Global Farma
