La tecnología ya no es un elemento periférico del hospital, sino una dimensión estructural del acto asistencial. Robótica quirúrgica, inteligencia artificial, sistemas avanzados de diagnóstico, dispositivos médicos complejos y gestión masiva de datos forman parte del día a día clínico, bajo marcos regulatorios europeos cada vez más exigentes, como los Reglamentos de productos sanitarios (MDR), diagnóstico in vitro (IVDR) y la nueva regulación sobre inteligencia artificial.
En este contexto, la Comisión Estratégica del Ingeniero Interno Residente (CEINIR) ha publicado el documento titulado “La ingeniería como clave para la transformación y la sostenibilidad del Sistema Nacional de Salud”, un texto de reflexión que analiza la situación actual de la ingeniería en el ámbito sanitario y plantea la necesidad de ordenar mejor su incorporación al SNS.
El texto no busca fijar un modelo definitivo, sino abrir una conversación técnica, académica e institucional sobre cómo integrar mejor la ingeniería en el sistema sanitario. Su enfoque es constructivo: describir una realidad emergente, analizar sus retos y contribuir a identificar modelos formativos y organizativos que permitan responder con rigor a la creciente complejidad tecnológica del hospital.
“El INIR no viene a sustituir ninguna labor clínica o asistencial, sino a complementarla, aportando el rigor analítico y tecnológico necesario para que el profesional sanitario pueda centrarse plenamente en el paciente”, subrayan desde el grupo redactor.
El Documento de Reflexión identifica cinco grandes funciones de la ingeniería sanitaria dentro del SNS:
● Infraestructuras y equipamientos
● Electromedicina: dispositivos médicos y tecnología sanitaria
● Gestión y organización
● Tecnologías digitales y datos
● Asistencial
Lejos de limitarse al mantenimiento técnico, estos perfiles participan en evaluación tecnológica, control de calidad, vigilancia de riesgos, cumplimiento normativo, gestión del ciclo de vida de la tecnología, optimización de procesos y apoyo directo a decisiones clínicas en el point of care (punto de atención al paciente).
Además, el documento subraya que el creciente marco regulatorio europeo exige que las organizaciones sanitarias dispongan de competencias internas capaces de asumir responsabilidad técnica y supervisión efectiva de la tecnología aplicada al paciente. La gobernanza de la innovación, concluye, ya no es opcional: es una exigencia estructural del sistema.
Para conocer mejor la situación actual, CEINIR remitió un sondeo preliminar a hospitales de 10 comunidades autónomas. Los resultados muestran que, en la mayoría de los casos, la vinculación contractual directa de ingenieros con el hospital no supera el 15%, mientras que una parte importante de estos perfiles depende de fundaciones, becas, prácticas, proyectos o empresas externas.
Al mismo tiempo, a partir de los datos de las universidades vinculadas a la Sociedad Española de Ingeniería Biomédica (SEIB), el documento recuerda que ya existen 15 promociones de graduados en ingeniería biomédica y más de 10 promociones de titulados de máster, con una oferta formativa que supone más de 800 titulados anuales. Muchos de ellos finalizan sus estudios con vocación de incorporarse al SNS, pero encuentran dificultades reales de contratación e integración en hospitales y centros sanitarios.
El Documento de Reflexión incorpora también una perspectiva de gestión: la integración estructurada de ingenieros con formación específica en el entorno sanitario podría contribuir a reducir incidentes vinculados a tecnología sanitaria, mejorar el cumplimiento normativo, optimizar contratos de mantenimiento y compra pública, disminuir externalizaciones y anticipar la obsolescencia tecnológica.
Por eso, el texto plantea esta incorporación no como un mero incremento de gasto, sino como unainversión estratégica en seguridad, eficiencia, sostenibilidad y resultados en salud.
La reflexión de CEINIR se sitúa además en un marco internacional donde la ingeniería clínica y la ingeniería de dispositivos médicos cuentan con mayor consolidación. Japón dispone de un marco normativo específico desde 1988 y cerca de 20.000 ingenieros clínicos; Estados Unidos agrupa a más de 10.000 profesionales; Canadá completa el grupo de modelos avanzados; e Italia y Francia destacan en Europa por el desarrollo de sus asociaciones y comunidades profesionales. España, aunque cuenta con masa crítica y presencia de ingenieros clínicos en más de 500 hospitales, todavía no dispone de un modelo estructurado de formación especializada equivalente.
El documento plantea que cualquier desarrollo futuro deberá hacerse en coordinación con el Ministerio de Sanidad, las Comunidades Autónomas, las sociedades científicas, la universidad y los propios centros sanitarios. La aspiración no es solo formativa, sino también cultural: construir hospitales en los que clínicos, ingenieros, gestores y expertos en tecnología compartan lenguaje, responsabilidad y propósito común.
“La sanidad del futuro será interdisciplinar o no será. Este documento abre una conversación técnica y académica para construirla de forma compartida”, concluyen desde CEINIR.
Fuente: ConSalud.es
