Donald Trump ha anunciado que cortará «todo el comercio con España» por la negativa de Pedro Sánchez a que EEUU u se sus bases militares contra Irán. Ante este escenario, se plantean incógnitas sobre las repercusiones de la decisión sobre el sector farmacéutico. Para conocer el alcance, David Cantarero, catedrático de la Universidad de Cantabria e investigador principal del Grupo de Investigación en Economía de la Salud del Instituto de Investigación Sanitaria Valdecilla (IDIVAL), ha explicado a El GlobalFarma que «desde una perspectiva económica, el impacto depende de cómo se materialicen estas medidas, si es que llegan a aplicarse, lo cual hoy parece poco probable».
En este contexto, Cantarero subraya que las declaraciones de Trump son, en esencia, amenazas políticas. “Pueden interpretarse desde la perspectiva de la teoría de juegos, donde cada actor busca maximizar su interés y decide entre una estrategia competitiva o cooperativa”, explica. Sin embargo, añade, existe una limitación legal y estructural clave: EEUU no puede cortar unilateralmente el comercio solo con España, ya que forma parte de la Unión Europea.
«Los acuerdos comerciales con EEUU se negocian con la UE como bloque, no por Estados miembro individuales», defiende. Esto implica que, «en la práctica, la amenaza de Trump es difícil de ejecutar sin afectar también a toda la UE». Por ello, admite que «romper acuerdos con todo el bloque europeo tendría un impacto mucho mayor y requeriría procesos legales complejos, como la intervención de la Comisión Europea o la consideración de normas de la Organización Mundial del Comercio». Por ello, Cantarero concluye que es probable que se trate más de retórica que de acción concreta. La postura del presidente Pedro Sánchez, afirmando que no teme represalias y defendiendo un “no a la guerra” pese a ser miembro de la OTAN, apunta en esa misma dirección.
En este sentido, el experto señala que España exporta medicamentos, productos farmacéuticos y principios activos hacia EEUU. Por tanto, subraya que «un cierre del mercado estadounidense afectaría directamente a las compañías españolas que venden allí, impactando sus ventas, ingresos y planificación estratégica». A continuación, sostiene que «esto sería especialmente relevante para productos finales, especialidades farmacéuticas y principios activos exportados fuera de la Unión Europea».
Asimismo, matiza que España importa desde EEUU medicamentos, vacunas y principios activos, como algunas vacunas y fármacos envasados. Ante ello, Cantarero argumenta que «una ruptura comercial podría generar disrupciones en el suministro de insumos o materias primas, afectando la producción local si las empresas dependen de estos componentes».
En cuanto a las consideraciones regulatorias y multilaterales, Cantarero recuerda que las compañías farmacéuticas operan en mercados globales y multilateralmente regulados, y que, aunque no son instrumentos directos de política exterior, sí pueden verse afectadas por ella. «La posible introducción de aranceles o barreras comerciales encarecería los productos y podría reducir la competitividad de exportadores españoles y de multinacionales con producción en España o EEUU», admite.
Sobre la probabilidad de un impacto significativo, Cantarero afirma que «hoy el efecto directo y profundo es poco probable, ya que los acuerdos comerciales de España se articulan dentro de la Unión Europea». Según el experto, «cualquier medida unilateral de EEUU tendría que respetar normas de la Organización Mundial del Comercio y otros acuerdos multilaterales». Además, precisa que la factura comercial España–EEUU es relativamente modesta comparada con otros socios europeos.
El experto advierte que, pese a la baja probabilidad de un efecto directo, «el sector farmacéutico seguiría siendo vulnerable a tensiones políticas, volatilidad cambiaria, presión sobre las cadenas de suministro y posibles contramedidas de la Unión Europea».
Seguidamente, expone que l»as compañías que venden directamente al mercado estadounidense podrían ver reducidas sus ventas, márgenes y competitividad internacional si se introdujeran barreras comerciales o aranceles«. Por su parte, precisa que «las fábricas con producción local en España podrían verse afectadas de manera indirecta si dependen de insumos importados de EEUU, con posibles retrasos o costes mayores». Además, asegura que «las instalaciones que producen para filiales o matrices estadounidenses también podrían sufrir decisiones empresariales motivadas por la incertidumbre política». En cambio, expresa que «las plantas orientadas al mercado europeo o local tendrían un impacto directo menor».
En resumen, Cantarero cree que «la declaración de Donald Trump constituye una amenaza política seria, pero no implica un cierre automático del comercio debido a las limitaciones legales vinculadas a la Unión Europea«. «El impacto económico sobre la industria farmacéutica española existe en teoría, pero su materialización dependerá de decisiones regulatorias, contramedidas de la UE y de la evolución de la guerra comercial», añade. Según él, principalmente se verían afectadas las exportadoras directas y las cadenas que dependen de EEUU, pero no necesariamente todas las fábricas españolas.
Asimismo, indica que cualquier repercusión concreta tardaría meses en reflejarse, mediada por tratados internacionales. Por tanto, por ahora, podría tratarse de “mucho ruido y pocas nueces”.
Fuente: El Global Farma
