La Farmacia española resiste. Y resiste con fuerza gracias a dos raíces profundas: la planificación y la titularidad. Así lo destaca, en conversación con El GlobalFarma, Eduardo Satué, vocal de Relaciones Internacionales de la Sociedad Española de Farmacia Clínica Familiar y Comunitaria (SEFAC). El modelo mediterráneo se diferencia de otros europeos por esos dos pilares. Y, mientras que, por ejemplo en Inglaterra, las farmacias cierran, aquí no.
Estos días pasados, este periódico se ha hecho eco de la asfixia económica que enfrentan las oficinas de farmacia inglesas y del Reino Unido. Asociaciones farmacéuticas de estos países claman por la falta de fondos y por la infrafinanciación de medicamentos esenciales como analgésicos o antidepresivos.
La Asociación Nacional de Farmacia del Reino Unido (NPA, por sus siglas en inglés) alertó de la falta, ya enquistada, de financiación. Esto, según la entidad, empuja a la escasez de medicamentos a los pacientes más vulnerables, ya que, según destacan, el NHS, el sistema sanitario público, únicamente cubre el 20% del coste de algunos fármacos de dispensación común, “lo que obligaba a las farmacias a cubrir el coste restante de su propio bolsillo”.
En este sentido, una encuesta de la NPA reveló que dos tercios de las farmacias de Reino Unido registraron pérdidas en 2025 y que el 72% de los propietarios de farmacias había recurrido a sus ahorros personales o rehipotecado sus viviendas para mantener sus farmacias abiertas a los pacientes, destaca la entidad.
Por su parte, Jannet Morrison, directora ejecutiva de la asociación de farmacéuticos comunitarios de Inglaterra, dirigió una carta al ministro de Salud de Reino Unido, Stephen Kinnock, en la que alertaba del “verdadero peligro económico” en el que se encuentra la Farmacia Comunitaria inglesa. En dicha misiva, pidió al Gobierno británico que se avanzara “rápidamente hacia la sostenibilidad en las próximas negociaciones del Marco Contractual de Farmacia Comunitaria”. La petición de los farmacéuticos comunitarios ingleses a su Ejecutivo no se limita al corto plazo, sino que solicitan la sostenibilidad y un “plan de recuperación creíble” a largo plazo.
Este panorama contrasta con el español, en el que, según Satué, “ganamos farmacias netamente, es decir, cada año se abren más farmacias de las que de las que se cierran”. El vocal de RRII de SEFAC nos atiende, en este sentido, para hablar de este tema y profundizar en las razones de la robustez y la resistencia del modelo mediterráneo.
R. Lo que tenemos en el sistema español no es lo habitual en Europa. Por un lado, hay un aumento importante de población, o a pesar de la baja natalidad, desde hace varios años; por otro, el modelo mediterráneo, planificado, al contrario que en otros países. Es una cuestión meramente empresarial, dónde se pone una farmacia o no. Está sujeto a simplemente a una autorización administrativa, pero no hay una planificación. Entonces, esto es muy importante para conseguir esa sostenibilidad y ese reparto homogéneo por el territorio.
R. El medicamento es un bien esencial y por tanto las farmacias comunitarias tienen que ser un elemento que alcance a toda la población española. Por eso se necesita una planificación y una regulación, que normalmente está organizada por número de habitantes y por distancias. Antes de que existiera esta planificación, cada farmacia se ponía donde quería, se intentaba buscar sitios donde hubiera más pacientes para tener más rentabilidad.
El establecer una planificación permite que el servicio farmacéutico alcance prácticamente al 100% de la población, no solo en prestación diurna, sino también en los servicios de atención continuada y de urgencias. Lo que es una característica muy muy española y muy poco común en el resto de países desarrollados.
R. La titularidad eh farmacéutico, la propiedad de la farmacia. Eso nos quita otro problema que tiene, por ejemplo, el Reino Unido, y que está afectado a la accesibilidad de las farmacias. Las grandes corporaciones utilizan unos planteamientos muy capitalistas sobre dónde abrir farmacias, cómo gestionarlo, y eso aquí no existe. Ese elemento un poco distorsionador de la accesibilidad y del servicio a los pacientes ya no lo tenemos.
Aquí, un profesional tiene una sola farmacia, por lo tanto, es responsable solamente de una oficina y ejerce su actividad profesional organizándose directamente. Y esto evita un problema con las grandes cadenas, que destruyen a la competencia. En países como Inglaterra hay grandes cadenas que tienen muchas farmacias y, aparte, están los farmacéuticos independientes, que serían como los españoles, y no pueden competir en un entorno donde las grandes cadenas juegan, digamos, con otras bazas.
Estas poseen no solo farmacias en sí, también almacenes de distribución, laboratorios, es decir, juegan “con las cartas marcadas”. Y esto provoca que muchas farmacias no sean capaces de sobrevivir a una competencia feroz.
R. La Farmacia Comunitaria tiene otros problemas económicos. Por sistema, el Estado les hace un descuento de lo que les pagan. Esto se puso como una medida de emergencia en el 2000, como una solución temporal. 26 años después, seguimos con esos descuentos, que además se incrementan cada año.
Esto genera la dificultad económica en las farmacias, pero sobre todo es más gravoso en las pequeñas farmacias, a las que no se les deberían hacer, porque dificulta su sostenibilidad. Por ello, en sitios en los que normalmente habría una farmacia, aunque fuera muy pequeña, están desapareciendo. Pequeñas localidades con poblaciones de 300 o 400 habitantes que han tenido farmacia habitualmente, en este momento están empezando a tener dificultades para que haya farmacéuticos interesados en mantener esas farmacias.
Hemos de pensar que en muchos núcleos la farmacia es el único establecimiento sanitario accesible para para la población fuera de los horarios de consulta. Hay pueblos pequeños en que el médico va algunos días a la semana, unas horas al día. Si quitamos también la farmacia de ahí, estamos generando un problema grave.
R. En el modelo actual, necesitamos generar incentivos. Primero, quitarles los descuentos a las farmacias que tienen menos facturación, es una medida urgente y además es totalmente injusto. En segundo, generar incentivos, en una situación en la que cada vez hay más de demanda asistencial, envejecimiento crónico, en que necesitamos cada vez una actuación más coordinada de todos los agentes sanitarios activos: el centro de salud, la farmacia comunitaria… en esta en estos pueblos. Yo soy boticario rural, y podemos generar una sinergia que ahora no se está dando apenas. Por ejemplo, una colaboración en servicios profesionales farmacéuticos.
Se puede incluir a las farmacias en programas de mejora de la adherencia, utilizar, por ejemplo, los dispositivos SPD, de seguimiento farmacoterapéutico, de cribados de enfermedades prevalentes… Es decir, hay distintos servicios que se pueden conveniar entre las consejerías de Salud y las farmacias comunitarias, sobre todo en nuestros pueblos, donde hay menos acceso a servicios y mejoraríamos, optimizaríamos la atención sanitaria a la población, y además mejoraríamos la sostenibilidad de esas farmacias. Son cosas que nosotros, desde SEFAC, reivindicamos.
R. Sí, pero el acento no solo lo pongo en que es para mejorar la sostenibilidad de las farmacias, sino también para mejorar la atención a la población. Esto es un win-win. Esto es urgente y por esa misma razón también pensamos que la integración de servicios conveniados con la Administración, tal como se está haciendo en muchos países desarrollados, es algo generalizable, no solo a núcleos rurales, que yo creo que es donde más urgente es, pero que también se puede extender al resto de farmacias.
Y luego otro elemento estructural que tenemos también, en común como un reto al de otros países europeos, es la falta de personal. Esto hasta ahora no se ha notado demasiado porque nuestro modelo mediterráneo, de responsabilidad personal del farmacéutico titular como profesional y propietario, esa dualidad de titular y propietario de la farmacia, hace que esto se note menos que en otros países, donde se cierran directamente las farmacias o se reducen horarios. Aquí, hasta la fecha, no ha pasado o ha pasado muy poco, pero ya está empezando. Nos estamos encontrando que es muy difícil conseguir farmacéuticos para trabajar en las farmacias y está generando problemas.
Lo que pasa es que como buenos autónomos que somos los farmacéuticos, si no se pueden tener vacaciones, no se tienen. Yo he estado muchos años así porque no encontraba sustituto.
El problema se está grabando, necesitamos generar incentivos para que el farmacéutico que acaba su carrera se plantee la Farmacia Comunitaria como un objetivo interesante, deseable para trabajar. Eso pasa por farmacia de servicios, por desarrollo de carrera profesional, y aprovecho ya para decir en el Congreso de SEFAC, que vamos a tener en mayo, este va a ser uno de los temas estrella que vamos a tratar: la atracción de talento a la Farmacia Comunitaria.
Tenemos un modelo de Farmacia que, como lo damos por supuesto, igual no se valora tanto, pasa un poco como el sistema sanitario. Pero también tenemos que incorporar cosas valiosas que hay en otros países para tener el mejor modelo posible, aunar lo que es la Farmacia mediterránea con la Farmacia de servicio. Esa es la Farmacia que tiene que haber en España en el siglo XXI.
Fuente: El Global Farma
